Carlos Skliar: Hablar con desconocidos



 Hablar con desconocidos. Por Carlos Skliar

Yo escucho. Yo tomo notas.
Nos volvemos tan conocidos que, descontando los saludos de ocasión, ya nadie conversa con nadie.
Dejar de conversar es uno de los tantos desenlaces del conocimiento entre las personas. No hablarse, no tener nada para decirse. Como si conocerse fuera ya saberlo todo, sin saber nada; un implícito sin matices ni relieves; la declaración del abandono, el final de las preguntas, el declinar de las intrigas, el suicidio de la curiosidad, de la compasión por otras vidas.
Yo escucho. Yo tomo notas de conversaciones ajenas.
Abro mi cuaderno de tapas de hule negro y comienzo el ritual de escuchar hacia los lados. Mi hábito proviene de una razón muy sencilla: estoy tan cansado de mí y de mis palabras que escuchar es el momento de reposar, de callarme, por dentro y por fuera.
Soy un cazador pacífico de palabras de otros.
Cierro los ojos y me concentro en mi mayor debilidad: las conversaciones de los ancianos, las confesiones casi secretas, la revelación extrema del amor y del dolor, los gestos de desamparo, el asombro, lo que está a punto de ser palabra, lo que parece asombrar a los niños.
Soy discreto, no secuestro intimidades ajenas. Lo que busco, en verdad, es lo que no tengo, lo que no puedo, lo que no soy: palabras renacidas, modos de ver el mundo de los que ya no me siento capaz.
Y no es un gesto impúdico, sino una ilusión de complicidad con el universo. Como si escuchando pudiese anudar los sonidos desperdigados de la lengua, como si quisiera armonizar ese hablar desordenado para darle propiedad musical, darle un pentagrama.
Más que la irritación, la decepción o lo ominoso de lo dicho, quiero dar lugar a la ternura; esa ternura que va desapareciendo poco a poco, que se diluye por la rapidez de los encuentros, la inmediatez de los deseos y la pérdida irremediable de la infancia.
Escucho, porque necesito recibir las verdades que otros desconocidos puedan darme. Y de lo único de lo que me jacto es de encontrar ternura en cada frase. Yo escucho. Porque así me callo. Porque así no juzgo.
Yo escucho.
Yo deseo el dictado del mundo.

Fuente│Carlos Skliar en Facebook 

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