Vocación

En mi época de estudiante del profesorado de Matemática, años 1981/1985 me dormía sobre la mesa mientras intentaba preparar las materias, a la par que trabajaba como administrativa. 
En ese tiempo, el anhelado título tenía el sentido de complacer a mamá y a la abuela María, ambas convencidas de que una vez recibida de docente, podría ganarme el pan y eso las dejaría tranquilas. No se equivocaron. 
Cumplía con el oficio docente con la misma responsabilidad con que daba frente a todos los aspectos de mi vida. Sin embargo, durante bastante tiempo me sentí culpable de no tener Vocación. 
Pasados mis cuarenta años, cuando caí en terapia, revisé las decisiones y elecciones tomadas y me di cuenta de que, hacia adelante, lo que eligiera debería estar relacionado con la Educación. Y no porque mamá había sido Maestra o quisiera continuar con lo que conocía. 
No siempre los caminos están tan claros, hay momentos en que pareciera que no somos nosotros quienes decidimos sino que no hay otras opciones viables y nos dejamos llevar. 
Pero, estudiar, aprender vale la pena, por distintas razones, tan particulares como cada uno de nosotros y el momento de la vida en que nos encontremos. 
Como dice Paulo Freire: “El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas".

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