Se cruzaron sin advertirse...

Ella se demoró

por la maldad de las llaves extraviadas.

Él se equivocó de esquina

porque la pasada fue noche de tala

y se llevaron el árbol del encuentro.

El sol cayó en una emboscada

y quedó detenido en el día anterior;

y la luna, la luna se distrajo

en el patio de juego de una nebulosa.

Camino hacia los dos,

ambos se cruzaron sin advertirse,

velados como iban

adentro de un alborozado viento de ensueños.

Esto ocurrió

entre otras calamidades de un día enemigo,

que uno y otro quisieran olvidar.

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