Mariano Mariani Ermácora: La cuchara

Nunca reparé en ti callada y fiel cuchara. Apoyada sobre la taza descansas después del mareo esencial que te constituye. Envuelta en vapores de té o café me acompañas inmolándonos en los claroscuros taciturnos, como en un Caravaggio, de noches en desvelo. Ajena, esperas mi mano cruel, esa que te da vida para luego abandonarte en los fúnebres recintos de la indiferente cajonera. Allí aguardas, nuevamente, somnolienta, que el azar de mis digitales tanteos te resucite al juego pictórico que desencadenamos juntos, en tardes o noches de lecturas y cavilaciones. Pero hoy, lejano y cercano objeto, te sustraigo de tu vulgar estancia y te mezclo por un momento eterno entre mis palabras. Aquí habitaras los corazones de curiosos lectores, y desde aquí dejaras tu posición particular para unirte al fluido eterno de una lengua que nos aúna y nos salva de la asfixia de nuestra condición enclaustrada. Así, tras luchar contra la desdeñosa oscuridad de la indiferencia que te envolvía en la simplicidad, te paren estas letras a la luz de la perenne existencia. 

Mariano y la cuchara, 28 de agosto de 2012

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