El fútbol como alegoría

GAMBETA (de Juan Sasturain)
Gambetear -jugar al fútbol, en realidad- es engañar. Y se aprende en carne propia, no engañando sino siendo engañado, no a partir de gambetear sino de ser gambeteado. Principio básico que el buen padre instructor enseñará a su vástago: se nace con dos huevos pero sin la pelota. Hay que conseguirla. Hay que quitársela, freudianamente, al padre (...) la gambeta se incopora en el proceso infructuoso de intentar arrebatar y ser burlado: pateando al aire un vacío hasta hace milésimas lleno de pelota bajo la suela paterna; rodeando el cuerpo mayor como si fuera un árbol móvil de grosor excesivo, obstáculo intermediado entre uno y el objeto de deseo; sintiendo pasar la pelota entre los tobillos siempre demasiados separados. El padre juega con el chico al toro y el torero. Lo vacuna futbolero con los rituales de la pisada y el caño.
Así, para aprender a gambetear primero hay que quitarle la pelota al padre. Es simple: como la madre, hay una sola y esas cosas vienen ya -se entera el pibe, nos enteramos todos- con dueño puesto: serán para quién más y mejor las quiera, más pelee por ellas. La teta es incondicional, la pelota hay que ganársela.
Y después, a gambetear.




Gracias a Andrés Borgetto y a Claudio Carraud

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