Máscaras. Por Daniel Mecca


Un teatro. Eso es el mundo. Eso es la gente. Eso somos, cada día y cada muerte. Así las máscaras van circulando por las avenidas, sutiles o rugientes; estratégicamente toman rostros por años y después, un día cualquiera, lo sueltan, se mudan a otra cara, a otra respiración, temiblemente, impunemente.
A veces se quedan para siempre, hasta que llega la Chacarita, se cierra el jonca y chau, nunca se sabrá quién era esa persona detrás de esa persona. Triste.
Hay máscaras de buen padre o madre, de buen hijo, de buen falopero o de buen bufón entre los amigos; hay máscaras de triste y del siempre feliz.
Está la máscara del intelectual, del revolucionario, del facebook y del boludo.
También la de navidad, la de la modelito o del rockero; además, la del partido del domingo, la del rebaño, la del suicida o del psicópata.
Máscaras, máscaras y máscaras que atentan contra lo auténtico, lo propio, lo único que vale en esta vida: así, que no te construya la mirada del otro como una fábrica de mentiras, que no te diseñes para la aceptación ajena, el agrado, la desperación de pertenecer; que tu voz sea tu verdad, no la verdad; que no te conviertas (convirtamos) en lo que voscreesqueelotrocreequevostendríasqueser.
En fin, que no haya más ”ser para el otro o no ser” para encontrar así la verdadera cara, el presente sobre el rostro. Según la etimología griega, “persona” -que viene de personare- era la palabra que utilizaban para designar la máscara que usaban los actores durante la obra de teatro. Curioso. Terrible.
¿Cuántas máscaras somos, fuimos, seremos? ¿Cuántos actos dura así la vida? ¿Hasta cuándo? ¿Para qué? ¿Cuál es tu máscara?


Publicado en : http://danielmecca.wordpress.com/2011/01/20/mascaras/

Vía Rafa Cuadrado
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