Ah, mis amigos, habláis de rimas...


En el Día Mundial de la Poesía, ¿leemos a nuestro gran poeta, Juan Laurentino Ortiz?


Ah, mis amigos, habláis de rimas
y habláis finamente de los crecimientos libres...
en la seda fantástica os dan las hadas de los leños
con sus suplicios de tísicas
sobresaltadas
de alas...

Pero habéis pensado
que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio
de crecida,
desnudo casi bajo las agujas del cielo?

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo
del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde "la división",
despedido del "espíritu", él, que sostiene oscuramente sus
juegos
con el pan que él amasa y que debe recibir a veces
en un insulto de piedra?
Habéis pensado, mis amigos,
que es una red de sangre la que os salva del vacío,
en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,
de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,
a no ser una escritura de vidrio?

Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,
y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el
secreto...
Y sé que a veces halláis la melodía más difícil
que duerme en aquellos que mueren de silencio,
corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento...
Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la
poesía
igual que en un capullo...
No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del
amor...
Juan Laurentino Ortiz es un poeta auténtico, y según sus propias palabras:


En la poesía auténtica el lugar en que vive el poeta, el paisaje circundante, lo profundo o la presencia inefable de este paisaje, su radiación, diríamos, el cuerpo astral del que hablan los teósofos, no puede dejar de estar presente. (Ortiz, 2005, p.1072)

El poeta Alfredo Veiravé, crítico literario y autor de numerosos ensayos sobre escritores latinoamericanos, puntualiza que la poesía de Ortiz es animismo que convoca las profundas corrientes de la Naturaleza y es, al mismo tiempo, la faz de un humanismo solidario, pues aquel rostro se revela entre los rostros de los hombres convertidos en una comunidad de amigos. Se reconoce, entonces, en su obra poética, una cosmovisión atravesada por dos ejes: el animismo y el humanismo. (Veiravé, 1984, p.18)

El lugar tan descollante que ocupa el paisaje no resulta de un determinismo geográfico o regional, dice Juan José Saer, sino de una proyección de su percepción del mundo y de su concepción de la poesía; el paisaje es belleza y misterio, una porción del cosmos por el que la palabra avanza delicada y tenue. (Ortiz, 2005, p.13)

La poesía, manifiesta Ortiz, en Ah, mis amigos, habláis de rimas… (Ortiz, 2005, p.533) es intemperie sin fin:

No olvidéis que la poesía,/si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva, /es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin, /cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin/y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…


Es precisamente, explica Veiravé, donde podemos situar el lugar de la obra orticiana,

(…) en esa intemperie cuyos límites son la precariedad de una sabiduría hecha de meditaciones a cielo abierto. Intemperie de la palabra ligada a gestos abiertos. Intemperie de la vida de donde surge un canto comunitario. La solidaridad y la sabiduría, dos formas de relación con lo más profundo de la vida, nacen de la negación de toda seguridad material, de toda traba o techo que impida ver en las visiones perdurables del espíritu. (Veiravé, 1984, p.20)


ORTIZ, Juan L. (2005). Obra Completa; coordinado por Sergio Delgado. 2ª. ed. Ediciones UNL. Santa Fe.
VEIRAVÉ, Alfredo. (1984).Juan L. Ortiz. La experiencia poética. Carlos Lohlé. Buenos Aires.




Fotografía: Blog de Gustavo Fontán

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