Manauta: "Nací en el Gualeguay de Juanele"


Las tierras blancas, novela publicada en 1956, acaba de reeditarse en la colección Los Recobrados, que dirige Abelardo Castillo.
Su autor, Juan José Manauta, nació en Gualeguay, el 14 de diciembre de 1919.



Entrevista a Juan José Manauta
Por Horacio R. Palma (en abril de 2007)


“Nunca me fui. Esa es la verdad”


“Era notable la honradez de aquellos chicos de las tierras blancas. Eran capaces de alcanzar pelotas en la cancha de Dalbo por unas monedas. Ir durante las elecciones a llevar las apuestas de la taba. Ganarse una propina en esto, lustrar botas. No sé si la estoy idealizando, pero yo la recuerdo así.”


Llego con el nerviosismo de la responsabilidad. Se abre la puerta de un pequeño departamento de Belgrano R, y toda la luz del ambiente se eclipsa con su figura.
Juan José Manauta apura el saludo de bienvenida. Robusto, con una columna que lo tiene a maltraer, el “Chacho” como lo llaman sus amigos, me invita a sentarme de espaldas al ventanal por dónde entra a borbotones toda la luz de la mañana.
“Disculpe el desorden pero me he mudado hace poco” dice, mientras tomamos asiento y me delega la responsabilidad del mate.
Parece asombrado por la curiosidad repentina de los medios gualeyos…
“es que hace poco más de un año, Raúl Manzán, un amigo, llevó a una librería de Gualeguay tres ejemplares de una colección de cuentos mía. Y al poco tiempo me los devolvió pues no se habían vendido”. Manauta mide las palabras, habla con voz áspera y profunda, como salida de una grieta carcomida por el tiempo y el tabaco. No es ni por asomo la voz de un hombre que pisa los 90 años, es la voz firme de un luchador convencido.


¿De qué origen es el apellido Manauta?


Español, claro. Mi padre era aragonés de la provincia de Teruel. Se vino a Gualeguay siguiendo los pasos de mi abuelo Miguel Herrero, y escapando del servicio militar, que en esa época era sinónimo de ir a Marruecos a una guerra de dominación imperialista de España. Mamá era directora de la escuela número 8, y nosotros vivíamos en la escuela, era lindo porque tenía muchos amigos.


Usted nace en el Gualeguay de principios del siglo pasado, ¿cómo lo recuerda?


Yo nací el 14 de diciembre de 1919. Los primeros recuerdos que tengo de Gualeguay, son de 1927, 28. Recuerdo el empedrado infernal de sus calles. Unas cuatro o cinco cuadras del granitullo, recuerdo bien la “plaza nueva”, que era la Plaza San Martín. Cerca de esa plaza vivían mis abuelos. Pero el gran recuerdo es el río, el río era un referente, uno aprendía a nadar mientras aprendía a caminar.
Nací en el Gualeguay de Juanele. Juan L. Ortiz era muy amigo de papá. Juanele andaba en su bicicleta repartiendo los libros que publicaba, porque como él pagaba las ediciones, las imprentas le fiaban y el tenía que salir a vender sus libros en bicicleta. Era empleado del Registro Civil, y papá le compraba varios libros para después venderlos en el almacén. Pero claro, nosotros no teníamos idea de la dimensión de Juan L. Ortiz. Y creo que el país no la tenía…


¿Recuerda alguna anécdota?


Mirá, cuando yo dije en casa que quería estudiar Humanidades en La Plata, mis padres no querían. Entonces yo hablé con Juanele, le mostré los planes de estudio y el me dijo, “pero sí, vas a ir a estudiar a la mejor universidad del mundo”…entonces fue él y habló con mis padres y les dijo “déjenlo a Chacho, déjenlo que vaya. Va a ir a estudiar a una facultad fantástica…” él me ayudó mucho, él hizo fuerza para que mis viejos me dejaran ir a estudiar a La Plata. Y me fui nomás en el 38. Recuerdo que en el 40 llegó al país el poeta español Rafael Alberti. Anduvo por todo el país dando charlas y conferencias, y después de la gira llega a La Plata y da una charla en el centro de estudiantes donde yo militaba. Y entonces Alberti dice… “He recorrido la Argentina, y estuve en Entre Ríos, y allí he conocido al poeta que me parece el más grande de la lengua española de este siglo”, hizo una pausa Alberti allí, y dijo, “En Gualeguay lo conocí”. Entonces yo le digo, mire, yo soy de Gualeguay, ¿quién es ese señor? “Pues Juan L. Ortiz”, me contesta enseguida. Eso nos dijo Rafael Alberti en 1.940, y en Gualeguay no lo sabíamos, nosotros creíamos en aquél entonces que Juanele era sólo un poeta local que hablaba del río, del sol, y de los sauces.


Manauta hace un silencio largo, y prende su tercer LM. Aspira una bocanada profunda, baja la mirada y hace una pregunta como si pensara en voz alta… “¿Nunca te preguntaste por qué en Gualeguay nacieron Juan L. Ortiz, Carlos Mastronardi, Amaro Villanueva, Alfredo Veiravé, Quirós…por qué?” Nuevamente hace un silencio, y un gesto de negación con la cabeza… “yo no sabría explicarlo”.


¿Usted se va a estudiar en 1.938 a La Plata, y ya no vuelve?


Bueno, no vuelvo porque no me dejaron. Tuve un “problemita” por ser Comunista. En el 44, de La Plata me llevaron a Paraná y de Paraná a Buenos Aires, con la prohibición de volver a Entre Ríos, esas cosas de la Argentina. Yo tenía 25 años…


Pero de todas maneras, muchos de sus relatos evocan a Gualeguay…


Yo creo que el recuerdo, no la nostalgia, el recuerdo, favorece más que la confrontación inmediata de la realidad. Favorece la expresividad y esa verdad relativa que nos trae la memoria. Y esa verdad, patinada digamos por el recuerdo, es más auténtica que la de la confrontación inmediata. De todos modos, el 90 por ciento de lo que he escrito se refiere a Entre Ríos. Y de ese 90 %, todo se refiere a Gualeguay.
Nunca me fui. Esa es la verdad. Yo soy una especie de hidra de dos cabezas. Una cabeza en Gualeguay, y otra en Buenos Aires.


¿Quiénes fueron sus amigos de Gualeguay?


Cacho Gálligo, que falleció hace algún tiempo, y que aunque era conservador fuimos grandes amigos. Cachete González, que también murió…fue otro gran amigo. Y es el protagonista de uno de los últimos cuentos que escribí “Ajenjo para tres”. Otro gran amigo que también falleció fue el negro Rodríguez Cuenca…pero ojo, de todas maneras, aunque escriba de ellos, siempre escribo ficción… ¿y ves todos estos dibujos que tengo que colgar?, son de Derlis Maddoni, otro gran amigo.

Juan José Manauta escribió Las Tierras Blancas, su gran novela, a los 36 años. Y esa novela fue llevada al cine por Hugo del Carril. Manauta advierte que siempre escribió pensando en literatura: “La militancia iba por un lado, aunque algo se habrá filtrado por ahí, y la literatura por otro. Yo nunca hice panfletarismo con la literatura. Siempre me negué a eso”. Cuando le pregunto por aquella película, se queja de no haber tenido más experiencia para imponer sus ideas en el guión de aquella película, que tomó solo una parte de la novela, la social, y excluyó lo esencial.


¿Cómo se llevaba usted con el peronismo?


Personalmente nunca tuve problemas ni con los conservadores ni con los peronistas. Ellos lo tuvieron conmigo. Pero el peronismo me metió preso. El peronismo es un fenómeno social que vino a confundir la convención derecha izquierda. En todos los países existe una derecha y una izquierda. En Argentina está el peronismo que lo abarca todo, derecha, izquierda, fascistas…todo cabe en el peronismo.


¿Sigue siendo Comunista?


Si, claro. Yo sigo sosteniendo la idea socialista en mi mente y en mi corazón. Creo que es la única solución para la humanidad. Soy un gran optimista histórico, y Latinoamérica lo está demostrando. Correa en Ecuador, Evo Morales, Chávez, y está Cuba…la solución es el socialismo. Soy optimista, pero el socialismo no va a venir solo, el hombre lo tiene que hacer, y para eso, deber aprender a ser más solidario.


De no ser escritor, ¿qué hubiera sido?


¡Escritor!…o por lo menos lo hubiera intentado. O tal vez camionero.
Yo tenía un amigo en mi infancia. Era criado de Pascasio Medina. Y con él jugábamos con una carretilla desvencijada y viejas trampas de nutrias. El jugaba que las trampas eran vagones de tren o una locomotora. Y yo jugaba a que eran camiones. El creció y entró al ferrocarril. Logró ser maquinista de tren. Yo no logré ser camionero.


¿Cree en Dios?


No, claro que no.


¿Y en el Hombre?


Si, y mucho. Fue el hombre quien inventó a Dios y no al revés. Lo inventó por inseguridad, por necesidad, por ignorancia.


¿De todas maneras, no cree que la vida sea “una herida absurda”, o sí?


No señor, de ninguna manera. Y aunque para algunos la vida sea una herida, en general la humanidad ha dado muestras terribles y maravillosas. Eso es la civilización. Y todo es histórico, todo lo que creemos eterno es histórico. La pobreza, el hambre, la marginalidad, todo eso va a desaparecer…todo eso nació y va a morir.
Siempre pienso en la muerte como algo natural de la vida. Todo lo que nace tendrá que morir. Antes de nacer hubo una muerte. Vivimos entre dos eternidades, esa es la maravilla de los seres vivos. Yo no le tengo miedo a la muerte; mi miedo es que la muerte me encuentre con un cuento a medio terminar…


¿Suele aconsejar a los jóvenes?


¡Ningún consejo! Una de las pocas cosas que me faltan de ser viejo, es no ser consejero. Los jóvenes son iguales a mí, sólo que han vivido menos. Con las ventajas y las desventajas que implica ello. Somos iguales, aunque mi columna ya no esté como cuando jugaba al fútbol en Sportiva. Era un puntero izquierdo bastante tronco.

Tal vez a los más jóvenes, el nombre de Juan José Manauta no les diga nada. Para ellos entonces estos datos, de uno de los narradores más importantes de la literatura argentina. Recibió: la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio Municipal de Buenos Aires, Mención de Honor de la Fundación Konnex, y el Premio Fray Mocho. La Universidad Nacional de Entre Ríos, acaba de editar sus “Cuentos Completos”. Un libro esencial, de lectura obligatoria para cualquier gualeyo que se precie. Y se aprecie.

Foto: Andrés Manrique

2 comentarios:

  1. Gracias Silvina por publicar la entrevista...por esas cosas del destino, justo el día de su cumpleaños!!
    Abrazo

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  2. Gracias a vos, Horacio, por enviármela. Me parece, o hay por ahí algún poema de tu autoría, que habla de nuestro pueblo?
    Cariños.

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