El pesebre



Un poema para recordar un pesebre pobre que no estaba decorado y a los chicos que en diferentes épocas y por diversos motivos fueron perseguidos.


Por Eduardo de la Serna (Sacerdote)


Como todo sistema religioso, el “Mercado” tiene sus liturgias, sacerdotes, sacrificios, víctimas, templos y fiestas. El “domingo” es día del “señor”, y el shopping se llena de devotos del sistema de la compra-venta. No es difícil reconocer sus apologistas, sus templos y las víctimas. ¿Es difícil ver –por ejemplo– que sacerdotes Con 5 Neuronas quieren sacrificar “menores” en el altar de la seguridad? Hoy –sin embargo– es bueno pensar en las fiestas. En toda celebración se establece una comunión, comunión que nos hace sentir “parte”, parte de un cuerpo, parte de un todo. La Navidad se ha transformado en la gran celebración del Dios mercado, que nos pone en comunión con comidas inusuales y vestimentas extrañas. Y un gran “padre” sonríe y reparte regalos previamente comprados en la gran fiesta de la comunión. En otro lado, quizás lejos, hay un niño, con olor a pañales y la vida amenazada, anticipo de su gran derrota en la cruz romana, hasta que su padre quisiera todavía decir otra palabra de vida. Ese niño, el pesebre, la intemperie, todavía pueden decir una palabra:

La palabra de Dios es pesebre

La palabra de Dios es pesebre,

pone en riesgo la comodidad,

intemperie que hiere el camino

frágil de toda fragilidad;

infancia amenazada de Herodes,

pobreza por aquí y por allá.

La grandeza de Dios se hace niño,

la luz brilla en la oscuridad,

una luz que no es de artificio

sino suave y tenue claridad,

que no ilumina en marquesinas

sino a aquellos que quieran mirar.

No tuvo rating ni fue a la tele,

no hubo aplausos ni publicidad,

los pastores, únicos testigos,

la pobreza de Dios es su plan;

porque si quiere llegar a todos,

por los últimos debe empezar.

En su hijo que nos regala

Dios se hace Padre universal

Madre de todos y de todas

pesebre que busca anidar,

casa de los pobres siempre abierta

mesa tendida con vino y con pan.

Los palacios no entienden nada

se arman y ponen a temblar,

¡matemos al niño!, reclaman

¡la edad de imputabilidad!,

que naciendo entre los pobres muestra

dónde es que Dios nos quiere hablar.

La palabra de Dios es pesebre,

allí lo podremos escuchar,

entre llantos, pañales y risas,

sin trineo ni para jugar,

pobre, nacido entre los pobres,

porque ese siempre es su lugar.

2 comentarios:

  1. Ojalá pudieramos prescindir de tantos objetos que nos nublan la vista y el corazón.
    En estas fechas llenas de luces y tarjetas, de regalos y cariño, lo que más se valora es lo material y por eso se disfruta tan poco.
    Yo disfruto de tu compañerismo y amistad y me llena el corazón de gozo.
    Muchas felicidades y nos seguimos viendo en este rinconcito cada vez más hermoso.

    Un beso grandote para vos.
    Te quiero mucho

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  2. Lourdes, Amiga, muchas gracias por tus palabras afectuosas! Que sigan los momentos compartidos de compañerismo y amistad. Te deseo todo lo mejor, para vos, tu familia y tu gente. Continuá con tus iniciativas y ese empuje "de locomotora" (para usar una metáfora de tu Basavilbaso, al que tan bien representás). Que nos contagies el entusiasmo!y que ahora que tendremos un poquito más de tiempo disponible podamos seguir comunicándonos en este espacio. Yo también te quiero mucho y te mando un enorme beso.

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