Elegía a Juan L. Ortiz

Estas palabras quieren, de algún modo,
ser el hospitalario cereal del mediodía,
la madera y la sombra,
tener, de pronto, venas de vegetal salvaje,
alas de hojas vencidas,
o por medio de la alquímica sonoridad del verbo
convertirse en piedras y erguirse en catedrales
de pájaros y vientos...

Para esto es necesario
totalizar paisajes,
que cada palabra tenga la levedad del aire,
la misma fragilidad de la lluvia que cae,
la estatura indomable del algarrobo erguido
y una luna de marzo crucificada de sauces;
que todo sea sutil
como una telaraña desprendida del cielo,
como el pálido secreto de las flores nocturnas,
como la brisa misma,
para que entonces tenga validez este canto,
estos pobres versos
a un poeta caído...
¡Palabras!
Reconstruid su delgada figura,
su voz íntima y densa como una enredadera
que sostuviese su alma,
su inmaterial sonrisa y sus manos que hablaban.
¡Mariposas que llevan en las alas su nombre,
que emigran de la hierba que ahora crece en sus cabellos,
quizás ustedes sepan
de su lento convertirse, de su irse penetrando
en río, ramas, montes,
hasta ser un flotante paisaje desprendido
o tal vez un purísimo arroyo inalterable!
Orlando Enrique Van Bredam. Premio Literario "Fray Mocho" 1982. Los cielos diferentes. Poesía. Ed. Colmegna. pp. 28,29

El río Gualeguay

Las fotografías fueron tomadas esta tarde.

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