Ángel y María



Mi abuelo Ángel no sabía de palabras ni poemas. Trabajó cada día de su vida.

Cocinaba; iba a las chacras en bicicleta, para elegir los chanchos que servirían de materia prima para la elaboración de las facturas; fabricaba helados, levantando pesados tachos. Atendía el bar, desde las seis de la mañana y se ocupaba del restaurant, tratando a los clientes, con gentileza y simpatía.

Mi abuela María era fría y seria. Controlaba todo, en especial lo referido al dinero. Había pasado miedo y hambre, durante la guerra. Siendo joven se le habían hecho callos en las manos, producidos por los baldes en los que debía acarrear el agua hasta su casa.
Estaba agradecida a la Argentina, por haberle brindado lo que le faltó en su país.

Se conocieron en Italia.

A él le bastó mirarla con sus ojos buenos y pronunciar su nombre, para enamorarla. Había acariciado sus manos y le había dicho: María, cuando nos casemos, estos callos van a desaparecer. Voy a trabajar y te voy a cuidar.

Ella no necesitaba que nadie la cuidara. Atravesó sola, en barco, el océano, para reencontrarse con él, que había llegado un año antes, y concretar el matrimonio.
No era la promesa de no trabajar lo que la había conquistado, sino la confianza que él le inspiraba.
Con su 1,60m de estatura, mi abuelo era un grande.

Ángel cayó muerto, trabajando, una sofocante mañana del día de los Santos Inocentes del año 1957. Tenía 59 años. María lo sobrevivió casi cuarenta años. Él fue el único hombre de su vida.

Se amaron, con un amor con mayúsculas. Ese amor cotidiano de la mesa y la cama, de la familia y los amigos. Cada día, se eligieron uno al otro, y se concedieron una libertad y una confianza sin límites.

Sé que están juntos, en algún lugar. Como siempre, ella hablándole, incesantemente: Mirá, Ángel que… y él asintiendo, fumando su cigarro: Sí, María….

4 comentarios:

  1. Silvi, me emocionó esta entrada. Muy linda! Para pensar sobre qué es el amor. A veces es difícil identificarlo. Quizás uno espera algo sorprendente y no se puede ver con claridad el lugar donde él se encuentra precisamente.
    Sin duda la historia de tus abuelos es de una simpleza total pero ahora en la distancia, uno aprecia la gran belleza de sus vidas, de su amor. No?

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  2. Coincido con el comment de Flor de jacarandá. Pero es tan complejo descubrir en lo simple algo tan sublime como lo es el amor. Yo demasiado romático enfermo quizás. Ángel y María para vos tu identidad... y que tan relevante es para nuestras vidas vernos en el atrás. Pues uno proyecta pasados, aunque no quiera. Gracias por tu sensibilidad, en el blog y en las mañanas.

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  3. Muy bueno, me encantó, felicitaciones. Un beso.

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  4. Flor, tu comentario me recuerda ese bello texto de Becáis que posteaste: "...miramos con el corazón y el alma", y reitero aquello de que, a veces, no enfocamos en la dirección debida nuestros sentidos, ...y nos equivocamos.
    Como bien decís,Vlady, es tan complejo saber qué es para cada una/o de nosotra/os el amor.
    Quizás tener claro cuál es el amor que queremos para nuestra vida, nos ayude a mirar en la dirección que nos haga bien.
    Claudio, nosotros no tuvimos el privilegio de conocer en persona a nuestro abuelo, sin embargo, está tan intacta la memoria en quienes compartieron con él tantos momentos de esa felicidad cotidiana, especialmente en mamá, para quien fue un Padre maravilloso, presente aún hoy.
    Les agradezco inmensamente por estar. Besos!!

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