La Mama

Mi abuela Elena quedó viuda cuatro días después del nacimiento del menor de sus nietos, mi hermano Fernando, y cuando éste tenía 15 años, murió en sus brazos, el día de la Asunción de la Virgen.
Casi no salía de su casa, tenía un patio lleno de plantas, un gato mimoso, un loro que con su pico sacudía la manguera y se bañaba solo, y jaulas con canarios y cardenales.
La Mama era generosa, demostraba su amor con hechos.
Cuando sus nietos éramos chicos nos bañaba y nos daba de comer. En palabras de mi prima Eugenia, “dónde se ha visto que una vaya de visita a una casa y la bañen”.
Si alguien le pedía la receta de alguna de sus ricas comidas, ella respondía: “la hice como al descuido”.
Me llamaba María Elena (mis segundo y tercer nombres, heredados de mis abuelas); nadie me volvió a nombrar así.
Cada tarde, a la salida de la escuela secundaria, me esperaba con la merienda servida, una taza de café con leche, pan y mermelada. Se sentaba en su sillón, a esperar que yo la terminara, abanicándose, y charlábamos.
Mañana hubiera sido su cumpleaños. Mama, gracias, te quiero mucho.

3 comentarios:

  1. Silvina, muy lindas las dos entradas, las del Tata y de la Mama.
    un beso
    Claudio

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  2. Aún tengo una campera verde mi abuela Gioma, la viví poco pero tengo presente imágenes y sensaciones que no pueden describirse. Hay algo más allá de lo físico que nos trasciende. Recuperarlo en un texto es muy rico. Me causó gracia las palabras de tu prima Eugenia.

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  3. Vla, creo que esas imágenes y sensaciones hacen de nosotros lo que hoy somos... es difícil describirlas...
    Gracias por estar, Vla!

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