Neblina





Él me decía las palabras que yo quería escuchar, me cuenta mi amiga.
Cuántas veces generamos situaciones en las que nuestro interlocutor se ve condicionado a expresar o a silenciar, porque nosotras no estamos dispuestas a escuchar la verdad? Aunque, de alguna manera, sabemos.
¿Necesitás que te pinchen el globo? me preguntaron hace un tiempo. Claro que no. 
Sin embargo, no vemos, como si estuvieramos inmersas en la neblina. No preguntamos, por no hacer explícito algo que es evidente (cierto, claro, patente y sin la menor duda). 
Pero, en un momento, sale el sol y disipa la neblina. Entonces, vemos. 
Y preguntamos. Estamos dispuestas a escuchar la verdad.

Foto: Ayelén Yanover

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