EL PROYECTO DE CADA DÍA

Julián Marías. Artículos 1999



Nuestra época está penetrada de la convicción de que la vida humana es proyecto. La idea del viaje es muy antigua, y se ha hablado del «homo viator». Sin embargo, la noción de proyecto incluye la anticipación, la versión hacia el futuro; tal vez su manifestación más antigua e ilustre sea la de Aristóteles cuando ve a los hombres «como arqueros que tienen un blanco». (…)
Anochecer y amanecer: ésa es la forma elemental de nuestra vida. Y esto quiere decir que «empieza» cada día, una vez y otra, y «termina», aunque sea provisionalmente, cuando llega la hora del sueño, y aunque a veces el sueño no llegue. Se renueva siete veces por semana, treinta cada mes. Trescientas sesenta y cinco al año, la condición proyectiva, inseparable del hombre. Si el individuo está vivo, si conserva presente su condición personal, se despierta a un programa, a un proyecto, a una expectativa que puede y debe ser una esperanza. Se despierta, no lo olvidemos, a un determinado «temple»: a la alegría o a la tristeza, a la ilusión o la mortecina desgana: se despierta a algunas personas -presentes o ausentes-, a la expectativa de azares inseguros, a diversos deseos o temores.
Ésta es la realidad elemental de nuestras vidas, que tiene muy diversos grados de intensidad, y en ello reside lo que va a ser la intensidad real de cada vida entera, su grado de realidad. De esa expectativa de cada mañana, de esa anticipación imaginativa de la jornada que empieza, de lo que se espera de ella, depende lo que va a ser el conjunto.
Y, por supuesto, al anochecer, al dar por terminado el día, al retirarse al sueño o su busca, se hace un balance de ese mínimo proyecto cotidiano, se hace la cuenta. (…)
Esta cuenta es la que nos damos cada noche, cuando juzgamos lo que ha sido la jornada que acaba de pasar. ¿Se hace puntualmente, verazmente esa cuenta? Tal vez las horas que han quedado atrás han sido iluminadas por una presencia, por unas palabras, algo insignificante para los demás o en la marcha del cosmos; o, por el contrario, esas mismas horas han sido entenebrecidas por una palabra áspera, por una ausencia, por una carta que no ha llegado, por una omisión nuestra, por haber cedido a una mala tentación, por no haber gozado de lo que la realidad nos ha brindado.
El proyecto cotidiano es el más importante, la clave de todos los demás. Temo que apenas se piense en él, que no se lo tenga en cuenta. En él consiste la riqueza de la vida, su calidad, ya que se compone de esas unidades regidas por la luz y la sombra, por las exigencias de nuestro organismo y no menos por los usos sociales. (…)
Y encontramos la realidad a la que pertenecemos, el «nosotros» colectivo que es nuestro, nos incorporamos a un proyecto que nos trasciende y en el que algo tenemos que hacer y decir. Ésta es la situación real. Que muchos hombres no reparen en ella, que desatiendan su contenido, que prescindan de algunas de sus porciones o dimensiones, sólo quiere decir que viven precariamente, que no toman posesión de esa realidad que les es dada con tareas como quehacer. Y el núcleo fundamental, del que depende todo lo demás, la intensidad y la calidad de vida, es el mínimo proyecto cotidiano, entre el despertar y el balance al volverse hacia el sueño.

Julián Marías (1914 - 2005) Filósofo, escritor, crítico de cine, periodista. Miembro de la Real Academia de la Lengua Española.

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