Retomando el secreto de las águilas

En Diciembre, Sergio nos relató El secreto de las águilas, para rememorarlo, dejo un poema:


EL RENACER DEL ÁGUILA

Autor: Esteban Ierardo

(Luego de cuatro décadas de vida, el águila puede elegir morir o afrontar un delicado proceso de rejuvenecimiento. Que consiste en aislarse en un solitario nido para, al cabo de tres meses, renovar su pico, sus garras y sus plumas. Así, el gran pájaro de las alturas, renace.)

Entre la nube y la montaña
has nacido
con el rayo enérgico de tu mirada.

Por cuatro décadas,
has atravesado las fiestas del sol,
las tormentas y los crepúsculos,
la canción susurrante de Selene,
las lluvias y las neblinas.

Por cuatro décadas,
tus plumas se han batido
en las cimas de la cúpula.
Por cuatro décadas,
en la altura has rezado
al Padre secreto de tus garras.

Y en el aire has descubierto continentes
de sutiles altares que flotan;
a ellos acuden los de tu especie
a venerar la fuerza que imaginó
la magia de las alas.

Por cuatro décadas,
desde el pináculo de la bóveda,
te has lanzado sobre la presa que nació
para que tú explores
el rojo vocabulario de sus vísceras.

Por cuatro décadas,
soledad,
orgullo,
plegaria al sol,
pico en la sangre atrapada,
ojo que acerca,
trono en la cumbre,
el cielo en tus alas,
la oración a tu dios,
el saludo al alba,
tu visión que frota los valles.

Y, ahora,
tu pico cae sobre tu pecho.
Tus alas y plumas
destilan bilis envejecidas.
Tus uñas lánguidas, fláccidas,
te niegan ya el placer
de aferrar
a los seres que se te ofrendan.

Entonces,
podrías renunciar
a la salvaje delicia de la cima.
Y morir.
O renacer.
Con soledad y valor.
Renacer.
Nunca dejas de elegir,
la ladera de lo arduo.
Por eso,
volando hacia tu nueva y última montaña
te veo.
Allí, encuentras tu tumba
y el nuevo vientre que te gestará.

A un nuevo nido has llegado.
Donde golpeas con tu pico
una pared de granítica dureza.
Entonces, cae
el que era el ariete de tu nobleza.
Y cuando el pico furibundo
reverbera de nuevo como tu hacha precisa,
desprendes con ella tus viejas uñas.
Los recuerdos de viejas fiestas sangrientas.

Y al regresar el filo de tus garras,
desprendes con ellas tus plumas
sofocadas ya
por largos ríos de ventiscas.

Y tu pico, tu uña, tu pluma
ya han recuperado el frescor
de la poesía primaveral.

Y entonces, el alba,
lenta,
invoca la luz.
Otras tres décadas esperan tus alas.
Otros aéreos altares
donde agradecerás
tus nuevo vuelos
en leves terrazas de atardecer.

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